AH AH, AJÁ, PA TOA MI GENTE, YEH, FRISTAYLE, SÍ AJÁ, CABRONE, TÁ LA PEŃA Y LA TRUPE, SÍ
Concierto de Cooper en La Copera. El Viernes con mayúscula por la tarde fui a comprar las entradas para el concierto del sábado, y resultó que eran las dos primeras, se auguraba poca gente espectadora, y es que este fin de semana lo más requerido era el festival de jóvenes realizadores o algo así, ya saben, cortos aburridos sobre un hombre que va viendo cómo su calefacción se va calentando, hasta que pone la mano y ya casi le quema de lo caliente que está y se dice a sí mismo: “¡Pijo! Qué caliente se ha puesto esto, a ver si así se me quita el frío” porque está viviendo en la sierra de Cazorla, Segura y las Villas en un pueblecito de pastores y pasturientas, fin de la historia. El concierto lo abría un grupo llamado Martín. Yo no sé por qué a la gente le gusta poner a sus hijos el nombre de Martín en vez de Bertín, si son casi iguales, pues ánimo a la gente que le pone a sus hijos Bertín (como mi tía) porque hay que reivindicar la importancia de la letra B frente a la M de Ma, que es algo que es capaz de decir cualquiera, pero la letra B tiene mucha más enjundia, acuérdense de cuando en Barrio Sésamo los Beatles alienígenas cantaban lo de: “letra beeeee, letra beeee, letra beee, letra beeee, ba ba ba be bi bo bu bu mi bebéeeee” Sólo vimos las dos últimas canciones de estos Martín porque estábamos antes saboreando nuestro Happy Meal y Big Mac, enterándonos que McDonalds te ofrecen la oportunidad de visitar la fábrica que tienen en Toledo, creía que venía la carne de Holanda, saber que viene de tan cerca le quita algo de glamour. Martín: eran dos individuos, uno con la guitarra y otro al teclado, pero en vez de darlo todo y volverse locos en plan Noni estaban más a su bola, bebiendo su cervecita y echándose un cigarro. No comprendo a los músicos que se ponen a fumar mientras cantan ¿no tendrán tiempo en el resto del día? Por una vez en su vida que van a actuar ante gente y se ponen a fumar como si estuvieran en el lavabo de la oficina, qué poca profesionalidad, lavística. Hasta que no aprendan a emocionar a las masas como los protestantes fundamentalistas no se comerán una rosca. Bueno, lo que se dice masas, no es que hubiera masa, estábamos 30 personas, todo quedaba en familia para ver a Cooper. Yo creo que como vea más conciertos así la próxima vez me voy a la iglesia, porque ahora mismo cualquier iglesia es mucho más moderna que los grupos de pop. Cooper estuvo bien, tocando sus éxitos y sin fumar mientras cantaba ni nada. Todos los del grupo muy bien peinados para adelante, como debe ser, aunque yo no soy un talibán del peinarse para delante, que también tengo mi sector en el corazón de “Fiebre del Sábado Noche” qué gran película. Pues qué queréis que os diga, lo mismo que pasa en todos los conciertos, que se va y le pedimos otra otra y vuelve y acaba, pero nadie saca una pistola para hacer agujeros en el techo ni nadie saca un ovillo de lana con agujas para hacer punto mientras escucha el concierto, sino que sacan las cámaras digitales y se ponen a apuntar un rato a ver si sale algo que no esté tan oscuro. Luego volvimos al coche y al lado habían dejado un carro del Carrefour con 50 céntimos dentro y para convencerme que no debía cogerlo y llevarlo a la otra punta para sacar la moneda mientras llovía me dijeron que no era un carro, que en realidad era un capullo gigante de un gusano de seda que lo había arrastrado el río y me lo creí, desistiendo de mi arriesgada acción.
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